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Salud Mental

No tienes que hacerlo tú solo

Cualquiera sea el problema que enfrente, un grupo de apoyo puede ayudarle

Para los altibajos habituales de la vida, usted puede recurrir al apoyo de amigos o familiares. Pero cuando se produce una crisis, es posible que, sin contar con refuerzos, lidiar con ella sea demasiado para ellos (o para usted). Allí es donde un grupo de apoyo juega un papel importante. “Ya sea que usted esté enfrentando una enfermedad grave, un cambio de vida como la maternidad, paternidad o el divorcio, o algún otro desafío importante, un grupo de apoyo puede ayudarle a sobrellevarlo”, dice Ulla Martz, titular del equipo de apoyo para el cáncer de Lehigh Valley Hospital and Health Network.

La ayuda y educación prácticas son aspectos claves de la mayoría de las reuniones de los grupos de apoyo. El líder del grupo puede recomendarle recursos comunitarios para la asistencia financiera, el asesoramiento o el equipo que usted pueda necesitar. Puede aprender qué preguntas hacerle a su doctor o cómo prepararse para una cirugía. En grupos que se especializan en una enfermedad crónica, los oradores informan a los miembros sobre los últimos avances, el papel de la nutrición y otros asuntos importantes. Por otro lado, los integrantes de un grupo de apoyo comparten estrategias para enfrentarse a todo, desde la soledad de la viudez y los berrinches de un niño pequeño hasta cómo usar una prótesis.

Igual de importante es el apoyo emocional que comparten los miembros del grupo. “Las redes de apoyo convalidan sus sentimientos”, indica Martz. “Es posible que intente restarle importancia a su situación frente a sus seres queridos para protegerlos, pero en un grupo de apoyo usted está con gente que está pasando por lo mismo. Ellos comprenden sus miedos y frustraciones”. Recibe inspiración y ánimo de gente que está haciéndose cargo de su situación y enfrentándola exitosamente. “En general, las mujeres se sienten cómodas brindando y recibiendo apoyo emocional en un entorno grupal”, señala Martz, “mientras que los hombres típicamente se acercan por los consejos prácticos. Pero, pronto, ellos también descubren el consuelo de compartir sus sentimientos”.

Algunos grupos, como los de personas que están a dieta o que han sobrevivido al cáncer, tienden a ser liderados por un semejante, una persona con la que usted se siente identificada porque él o ella ha “pasado por lo mismo”. Otros grupos están a cargo de un profesional con entrenamiento específico en su enfermedad o problemas. En general, es alguien informado sobre otros recursos disponibles y que puede referirlo si es necesario. Todos los facilitadores intentan asegurarse de que todos en el grupo tengan la oportunidad de ser oídos.

“Algunas personas se las arreglan para sobrellevar el problema sin un grupo de apoyo”, dice Martz, “pero ¿por qué intentar pelear solo cuando hay ayuda disponible?” Su doctor puede referirlo a uno de estos grupos, o usted puede ir voluntariamente. La mayoría de las sesiones en grupo son gratuitas.

¿Desea más información? Para acceder a una lista de los grupos de apoyo disponibles en Lehigh Valley, comuníquese con el 610-402-CARE. También podrá obtener información sobre apoyo individual.

“La creatividad y el compañerismo pueden ser factores poderosos para sanar”.
Brett Weber, 36, de Allentown, no permitió que la esclerosis múltiple (EM) le impidiera completar su doctorado y convertirse en profesor universitario. Pero cuando la enfermedad progresó, enfocó su atención en otra pasión, el arte, y la compartió con su grupo de bienestar de EM. Los integrantes del grupo usan la pintura para expresar sus sentimientos, “creando algo que es único y personal”, explica Weber. “La pintura ha tenido un gran impacto en mi vida. Es bueno saber que algo que yo decidí hacer para mí en un mal momento de mi vida ahora está sirviendo de ayuda para otros”.

“Este grupo me ayudó a llevar una vida plena a pesar de mis limitaciones”.
Edward Ebert, 69, de Hellertown, ha sido presidente del Better Breathers’ Club de Lehigh Valley por 20 años, casi tanto tiempo como los que ha sufrido de enfisema. También padece de bronquitis crónica y tiene un pulmón paralizado. El club se reúne una vez por mes para aprender y compartir. Para salir hay que tener energía y, a veces, Ebert siente la tentación de quedarse en casa, pero sabe que es importante no aislarse. “La mejor parte de nuestras reuniones es congregarse con gente que está en la misma situación que uno”, dice.

“Quería sentarme junto a otro paciente amputado para intercambiar historias de vida”.
Al reverendo Richard Stevens, de North Wales, le tomó algún tiempo encontrar al grupo de apoyo para pacientes amputados de Lehigh Valley Hospital, pero ahora él y su esposa, Barbara, no se pierden ni una sola reunión (a pesar de que eso implica una hora de viaje en automóvil ida y vuelta). Stevens, de 68 años, perdió ambas piernas por complicaciones de la diabetes. Primero encontró ayuda con “ciberamigos” en foros de Internet, pero como es pastor, conoce el valor de la inspiración y el apoyo derivados de un encuentro cara a cara. Como le dice a los nuevos pacientes amputados: “Si yo puedo, usted también puede”.

“Significó mucho para mi escuchar la historia de otra madre”.
En lugar de sentir felicidad después del nacimiento de su hija, Erin Luck (izquierda) se sentía nerviosa, temerosa y fuera de control. La mujer de 30 años, de Macungie, sufrió de depresión posparto (DPP) y en un grupo de apoyo nuevo denominado Depresión Después del Parto, descubrió que no estaba sola. Kelly Ciminelli, 35, también de la ciudad de Macungie, compartió con los demás su anterior experiencia con la DPP. “Quiero ser un recurso para otras mujeres que están pasando por esto”, dice Ciminelli. Hoy, ambas mujeres están completamente recuperadas.

“Aquí también encontré un recurso para mis interrogantes sobre la lactancia y sobre la crianza de los hijos”.
Davina Hatton, 36, de Wescosville, no se dio cuenta de lo mucho que deseaba darle el pecho a Frank, su hijo recién nacido, hasta que surgieron problemas después de un parto traumático. Un grupo de apoyo denominado Madres del Lunes por la Mañana jugó un papel muy importante. “Me dio un lugar a donde ir, donde sabía que podía hablar con gente que comprendía”, dice. El hijo de Hatton comenzó a alimentarse del pecho con facilidad, pero ella y otras madres disfrutaban tanto de su compañerismo que decidieron formar un grupo de seguimiento. En la foto, aparecen (de izquierda a derecha) Tanya Schoeffling de Walnutport y su hija Sara, Pamela Smith de Center Valley y su hija Erin y Hatton con Frank, que ahora tiene 2 años y tiene un hermano recién nacido.

¿Desea conocerlos mejor? Para leer las historias completas de las personas que figuran en estas páginas, comuníquese con el 610-402-CARE.
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